PRESENTE Y FUTURO DEL REPUBLICANISMO

José Luis Pitarch. Presidente de UCR. IV FEBRERO REPUBLICANO Sevilla, 11 Febrero 2.015

1503478_811984572207068_8951558307038597013_nIntroducción:
Me cabe gran satisfacción de intervenir en estas Jornadas (IV Febrero Republicano) que, con tanto mérito, convocan y organizan UCAR Sevilla y Sintonía Laica con la inestimable colaboración del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla. Y mi contento se multiplica, si cabe, por ser mi intervención en fecha tan querida como el 11 de Febrero, en que fue proclamada, el año 1.873, la Primera República por la inmensa mayoría del Congreso y el Senado constituidos en Asamblea Nacional. Permitidme recordar unas palabras pronunciadas, en aquel memorable momento histórico, por el excepcional tribuno republicano Don Emilio Castelar:
””Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática. Nadie ha acabado con la monarquía, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria.””
Guardémoslo, amigos presentes, en nuestra consciencia, nos lo señaló aquel gran prócer Castelar hace 142 años: son tres las parteras de la República: la Sociedad, la Naturaleza y la Historia.

I
Amigos, éste es un tiempo de lucha y esperanza, nos hallamos en un periodo histórico trascendental, en que las/os ciudadanos/as padecemos un “régimen” o “sistema” con profusas raíces y cimientos en el franquismo enemigo de la democracia. Un tiempo, por tanto, turbio o complejo, pero que sopla fuertemente hacia algo distinto y mejor. La tan alabada “Transición” (a la que Puente Ojea ha llamado “el mayor timo de la Historia de España”) ha sido en verdad “Transacción”, esto es, un “transigir”, lo que significa “consentir en parte con lo que no se cree justo”.
Consentir, decimos, con lo injusto e inmerecido. Transigir con un enorme trágala, la monarquía impuesta por el caudillo fascista-militarista Franco, verdugo de la II República, y transigir con un Rey (y con su descendencia) nombrado a dedazo por dicho dictador y entronizado el 22 de noviembre de 1.975 por unas Cortes espurias antidemocráticas. Transigir, en fin, o tragar que en las Instituciones siguieran con cargo y mando una legión de destacados franquistas. O tragábamos/transigíamos con todo ello, o no habría Democracia. Éste fue el pacto forzado entre franquistas y demócratas. Lo dejó muy claro con sus palabras en aquel Acto del 22-11-75 , para que no cupieran dudas, el Presidente de aquellas Cortes fascistas, Rodríguez de Valcárcel, gritando: “Desde el recuerdo a Franco, ¡viva el Rey!”. Previamente, el monarca de estreno había pronunciado: “Juro por Dios, y sobre los santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional”; o sea, a las Leyes y Principios fascistas.
Ésa, la franquista, es, pues, la fuente de corrompida “legitimidad” que trajo a España de nuevo, ¡por cuarta vez, uf!, a los Borbones: el primero fue Felipe V, tras tres lustros de guerra civil entre Castilla y Aragón. La segunda vez, después del reinado de José Bonaparte, llegó el infame Fernando VII, asesino de Riego entre otras lindezas. Por tercera, y tras la I República, Alfonso XII, hijo de Isabel II, la destronada en la “Gloriosa” Revolución Septembrina del 68. Y a la cuarta vez Juan Carlos I, por obra y gracia del citado dedazo del césar marroquí militar-fascista. Cumple añadir que los Borbones conocen que por quinta vez no vuelven. Uno tiene la impresión de que Juan Carlos lo sabe perfectamente. Quizá por eso ha tenido buen cuidado de amasar millones.
Como fuere, la Monarquía, a nivel mundial, es una especie en extinción: cada vez va habiendo una menos, nunca una más… excepto en España. Por algo se dice que “Spain is different”. ¡Y tan different!, o más bien muy atrasada política e históricamente. Véase: en Italia y Grecia cayó la monarquía para siempre tras sus respectivas dictaduras fascistas (de Mussolini y de los coroneles griegos). Aquí, tras la dictadura de Franco, vino la monarquía que él puso a dedo. ¡Pobre y querida España!, sin verdaderas revoluciones burguesas. La única (y pacífica) fue la II República. Y la fusilaron los de siempre, desde los ricos propietarios a los militares traidores al pueblo y los obispos traidores a su Evangelio. Por cierto que la “Constitución de la Transacción”, de 29-12-78, en su Art. 16, exige a los poderes públicos el trágala de “cooperar” preferentemente con la Iglesia Católica.

II
Permítanme ahora una frase algo rimbombante: “República es una cuestión de Democracia”; o, si prefieren, “de Dignidad Democrática”. En otros términos: “El fin natural de una sociedad democrática es la República”. Esto, a nivel mundial. En España, además, dada su Historia, República equivale a Regeneración o, si se quiere, a “Contrato de Ciudadanía y Regeneración”, a “Rescatar siglos”. Porque República se identifica con la esperanza de un país mejor y más justo, con mayores niveles de Dignidad Humana, personal y colectiva. Y, como señala Julio Anguita, la Dignidad Humana cabe resumirla en tres expresiones: Derechos Humanos, Democracia y República. Siendo el republicanismo la síntesis de todos los “yo”.
Veamos otra perspectiva o dimensión: en su conjunto, los conceptos a que nos estamos refiriendo, materiales e ideológicos, componen, plasman lo que podríamos llamar una “Cultura Republicana”. Es decir, si definimos la Cultura como un Sistema de Referencias, Cultura Republicana significará ese conjunto de conceptos y objetivos que venimos reseñando, en que se ligan Pensamiento y Acción; a los que cabe añadir Lucha Ideológica y Comunicativa, Tradición Igualitaria, Liberación de Prejuicios Religiosos. Ése es el futuro al que apuntamos y por el que luchamos y lucharemos.
Aunque con gran retraso, pues, esta Cultura y Acción republicanas de hoy vienen a ser, en una perspectiva histórica, como el gran cénit en España de aquel inmenso hito que fue la gran revolución jacobina, republicana, en Francia a fines del siglo XVIII, que instituyó la Soberanía radicada en el Pueblo, antes que en la nación o el estado. Revolución republicana que implantó derechos, libertades, instrucción para todos. Por más que el repliegue reaccionario de Thermidor quitara el sufragio universal y dejara sólo el voto censitario (para los ricos). Es que el progreso histórico se consolida por sucesivas oleadas, ya que hay que saltar siempre no pocas vallas reaccionarias.

III
En España, país tan retrasado histórica y políticamente respecto a los de su ámbito europeo occidental, la honrada y digna II República fue asaltada, como ya hemos señalado, por el fascismo español y europeo (incluso con tropas profesionales de Mussolini y Hitler) más la Iglesia y militares traidores a los que también nos hemos referido. Vino luego la dictadura franquista y después la “Transacción”, con una Constitución del 78 que huele a franquismo en no pocos artículos, incluida una supuesta separación Iglesia/Estado lejana a la realidad. Ahí se ha quedado la Iglesia con la Mezquita de Córdoba, que le proporciona buenos dineros de la infinidad de turistas que la visitan; y custodiando en la Catedral de Sevilla los restos del chulesco matón Queipo de Llano, aquel que incitaba a sus soldados moros a violar a las mujeres republicanas.
En España hemos tenido una “reconciliación del embudo”, con numerosos políticos del franquismo, como ya hemos dicho, continuando en política activa en puestos de relieve y mando. Y con infinidad de calles rotuladas, y no sólo calles, con nombres de preclaros gerifaltes de la dictadura. Pero no busquen una calle en Valencia a nombre del preclaro valenciano y hombre de honor, sobresaliente militar y patriota, llamado Vicente Rojo Lluch, Jefe destacado del Ejército de la República. Sí encontrarán, verbigracia, un colegio público en Castellón con el nombre del “cuñadísimo” de Franco, Serrano Suñer.

IV
Frente a este penoso devenir histórico español, y frente al doloroso, en tantos aspectos, paisaje político actual, un creciente movimiento y marea republicana (de la que estos “Febreros Republicanos” de Sevilla son uno de sus altos exponentes) van dibujando el camino hacia nuestra Tercera República, que será un hecho histórico-político de “DEVOLUCIÓN”. Devolución o RESTITUCIÓN al pueblo español de la Soberanía que le robó, con la máxima violencia y traición, asesinando a la II República, el fascismo aliado a unos militares perjuros –apoyados por la Alemania e Italia fascistas– y aliado a la Iglesia Católica. Esa Iglesia que llevaba a Franco bajo palio como a la Hostia Santa y no se ha desdicho de ello.
Y esta Devolución o Restitución vendrá por más que el PP luche contra ello. Ya ven a un alto cargo como Rafael Hernando, portavoz adjunto en el Congreso de los Diputados, profiriendo muestras de ignorancia supina y salvajismo verbal como decir que la República fue responsable de un millón de muertos en la guerra civil. ¡Cómo enseña la patita tardofranquista, o fascistilla a secas! ¡Ay PP que mantienes a ultranza, donde gobiernas, los símbolos y rótulos franquistas! ¡Como si no supiéramos que te cambiarás de chaqueta y admitirás la República cuando pienses que te conviene! ¡Y qué país el nuestro tan “different”!: Franco es un fascista en todos los libros de Historia de Europa…. menos aquí.
Toca ir terminando. Por lo que trataremos de resumir y completar, algo telegráficamente, algunos puntos. República en vez de Monarquía es una cuestión de Democracia, decíamos antes. Porque, también, reclamamos el derecho a evaluar periódicamente al cargo más importante del Estado, y a cambiarlo cuando la sociedad española lo crea necesario. Pues la Jefatura del Estado ha de subordinarse a la voluntad popular democráticamente expresada. ¿Y hay mayor incoherencia que la de que el Pueblo pueda elegir, directa o indirectamente, a todos los cargos públicos menos al más alto de todos? En una perspectiva confluyente, cabe añadir que la monarquía hereditaria transgrede el fundamental Principio de Igualdad ante la Ley instituyendo un cargo al que no puede acceder todo ciudadano.
República significa también que los políticos gobernantes no se pasen por el arco de triunfo, como sucede ahora, puntos fundamentales de la Constitución. Por ejemplo, el Art. 130, cuando exige a los poderes públicos “equiparar el nivel de vida de todos los españoles”, y el 131, que les encarga velar por “la más justa distribución de la renta y la riqueza”.

V

En el año 2.015, cuarenta después de la muerte física del dictador sangriento, queremos lo mismo que hubo en Italia y Alemania tras sus dictaduras fascistas. No aceptamos, por dignidad y coherencia democrática, un pacto entre demócratas y fascistas ni, por tanto, una Constitución hija de ese pacto. No aceptamos la monarquía del trágala, un rey por dedazo de aquel dictador. El referente más democrático y progresista en toda la Historia de España fue la II República, que sigue encarnando la legitimidad política y moral. Consecuentemente, creemos que la única salida plenamente democrática y jurídica es un Referéndum República/Monarquía. España está y estará en interinidad mientras no se dé este Referéndum. Y, para cerrar, gritamos, con el gran Pedro Garfias: “Por lo noble, por la paz, por la justicia, por la libre República del pueblo, ¡peleamos, peleamos!”.

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