Diario de una andaluza en Argentina

Paqui Maqueda es la única andaluza que declarará en los próximos días ante la jueza que instruye la causa contra los crímenes franquistas. Hoy sale rumbo a Buenos Aires, desde donde narrará sus sensaciones y experiencias en este diario

andalucesdiario.es

paqui_maqueda_01“En la madrugada del 22 de agosto de 1936 una larga fila de hombres sube a un camión. Salen de la Plaza Arriba, la plaza del pueblo, como viene sucediendo en los días pasados. No hay dudas sobre su destino. Entre ellos se encuentra Juan el cubero. Es ya un anciano y algunos hombres le ayudan a subir al camión que toma el camino de Lora del Río. Como si la vida le hiciera un guiño y le diera la oportunidad de despedirse de los suyos el camión pasa por la casa que hasta ahora ha sido suya, donde descansan los que quedan de su familia, su mujer Dolores y dos de sus cinco hijos: Antonio y José. Cierra fuertemente los ojos e intentando imaginar el sueño que sueñan, se despide de ellos. Momentos después su espalda nota ya la fría tapia del cementerio. Entre los gritos del pelotón de fusilamiento escucha la agitada respiración del joven al que han puesto a su lado. Sus miradas se cruzan, manteniéndose juntas hasta que oyen cargar las armas. Juan cierra los ojos después de ver cómo Frasco alza el puño cerrado y grita con rabia un ¡¡Viva la República!! Sus ojos se llenan de lágrimas”.

Así comenzaba Azul oscuro, el relato que hace ya algunos años escribí para exorcizar el espanto que me supuso conocer el trágico final de mi bisabuelo Juan Rodríguez el cubero y sus tres hijos, Enrique y Juan, condenados a vagar por distintas prisiones y campos de concentración y Pascual, asesinado por la “justicia” de Franco una vez finalizada la guerra civil cuando intentaba volver a Carmona, su pueblo. Para aumentar el castigo en el año 1941 la vivienda familiar es incautada por orden de Queipo de Llano. Mi familia pagó muy caro defender el legítimo gobierno de la II República española.

Desde que conozco esta historia estoy intentando, desde las filas de la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia recuperar el buen nombre y la memoria de mis familiares. Junto a ellos, el de miles de andaluces y andaluzas que fueron ajusticiados en tapias de cementerios cuyos cuerpos están aún hoy desaparecidos, que sufrieron cárcel y exilio, que vivieron años de ostracismo, de humillaciones y vejaciones, que sufrieron hambre y vivieron rodeados de miseria por formar parte del bando de los vencidos. Hemos denunciado estos hechos en los juzgados territoriales, en las Audiencias Provinciales e incluso en la Audiencia Nacional. Estas instancias han archivado nuestras denuncias y el único juez que fue capaz de escuchar a las víctimas y de hacer su trabajo ha sido apartado de la carrera judicial nada más y nada menos por el Tribunal Supremo de este país. A estas alturas está bien claro que con estas denuncias las asociaciones de MH estamos rompiendo el muro de impunidad que supuso el pacto de silencio de la tan cacareada transición en relación con las graves violaciones de DDHH que cometió el franquismo y que personas bien influyentes, instaladas en dependencias judiciales y políticas de nuestro país, no están dispuestas a revisar la historia reciente de España. Quizás teman lo que se pueda descubrir y quizás aun teman más las consecuencias derivadas de ello.

Por eso hoy me encuentro en un avión que cruza el atlántico rumbo a Argentina, un país que acoge la voz de las víctimas españolas y se hermana con ellas. Un país cuya justicia ha admitido a trámite la denuncia presentada por un grupo de descendientes de españoles en relación con los crímenes de lesa humanidad cometidos por el fascismo español en el periodo que abarca desde 1936 hasta 1977. Y en sede judicial yo y mis compañeros, españoles todos, vamos a declarar lo que les pasó a nuestras familias para que un país que no es el nuestro aplique los tres pilares básicos del Derecho Internacional: VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.

Me acompaña en este viaje la sensación de sentirme parte de una familia de “apátridas”. Viajo más de 10.000 kilómetros para pedir la justicia que se nos niega en nuestro propio país. La España que forjaran los vencedores de aquella contienda del 36 sigue sin corazón para acoger el clamor de las víctimas. La España “grande y única” cree que puede conceder el “perdón” y llegar a la “reconciliación” sin aplicar justicia. Los descendientes de las víctimas no se lo vamos a permitir. Esta vez no pasarán.

Salú y memoria!

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