El Rey según McLuhan, una historia de mensajes y masajes

http://microfactor.wordpress.com/ by: alexsecurs

Con la tercera restauración de la Casa de Borbón se eliminó del título de Rey de España, la coletilla por la gracia de Dios y la Constitución. De haber conocido por aquel entonces el devenir de la carrera monárquica del actual jefe del estado, no hubiera sido mala idea cambiarla por otra que se ha revelado bastante apropiada. Juan Carlos I de Borbón Rey de España por la gracia de Franco y  la Televisión.

La polémica está servida. Para suavizarla diremos que aunque lo de que nuestro rey fuera nombrado por el Caudillo está sujeto a las más diversas interpretaciones, más o menos comprensivas con la situación de aquel momento, ello no deja de ser un hecho histórico objetivo que además ha venido de perlas para hacer el juego de palabras. Pero lo que de verdad nos interesa aquí es la segunda parte del paralelismo, la de por la gracia de la Televisión.

Y es que es innegable que la historia de Juan Carlos I sería imposible de contar sin atender a su relación con los medios. Con él hemos recorrido los angostos caminos trazados por el Nodo en blanco y negro, con él hemos pintado después de colores las imágenes de la democracia con todos sus nuevos canales, y aún hoy lo vemos sortear con destreza sus dificultades en el complejo caos mediático convergente de nuestros días.

Su manejo de los medios de comunicación y el manejo de los medios de su figura, podrían trazar una narrativa paradigmática de lo que Marshall McLuhan vislumbró, allá por los años sesenta, en su libro Comprender los medios de comunicación cuando consideró todo medio tecnológico como la extensión de alguna cualidad humana.

Yo no conozco al hombre. Pero sé “perfectamente” cómo es, me lo han contado desde que era un niño. Juan Carlos I el campechano, el afable bribón, el bromista, el deportista, el hombre de familia. Pero cuidado, también y al mismo tiempo el hombre de estado que vela por nuestros intereses, el mesías de cuya mano cruzamos el desierto, el elefante dormido al que no hay que molestar o te mandará callar. El personaje público que ha copado el número uno de todos los rankings de “el más querido” en nuestro país en las últimas décadas. El símbolo de la unidad. Cuánto del español medio en la era de la comunicación se podría contar a través de su figura. Como decía también McLuhan “somos lo que vemos”.

Desde aquella aparición en televisión del 23 de febrero de 1981 la relación del Rey con los  medios de comunicación españoles ha consistido en una especie de simbiosis en la que sus protagonistas han quedado diluidos en un mensaje común. El pensador británico, acuñó la conocida expresión “el medio es el mensaje” en referencia a que lo que realmente moldea al usuario, más allá de los contenido en imágenes o palabras, es el efecto físico y psicológico que produce en estos. La forma en que construyen sus percepciones. En 1967, poco tiempo después de Comprender los medios de comunicación, Marshall McLuhan firma junto a Quentin Fiore El medio es el masaje. Un pequeño cambio respecto a su archiconocida sentencia, que según cuentan pudo ser debido a un error tipográfico que cambió “message” por “massage”. El juego de palabras causó gracia a McLuhan por considerar que evocaba en cierto sentido el efecto de los medios en la era del desconcierto y la comunicación de masas. Y en esto de cambiar mensajes por masajes también encontramos ducho y avezado a Don Juan Carlos. Si no lo ven claro, piensen en cualquier Nochebuena de los últimos 30 años y díganme que había de fondo acompañándoles en sus casas a eso de las nueve de la noche mientras visitaban a la abuela paterna. ¿Son capaces de diferenciar medio, mensaje y masaje?

Sin embargo, recientemente asistimos a cierto desequilibrio de fuerzas en la hasta ahora idílica relación del Rey con los medios, a favor de estos últimos. Los deslices y peripecias del entorno de la Casa Real no gozan de la inmunidad de antaño. ¿Acaso es la primera vez que el Rey se va de caza a África?.

Parece ser que no. Pero sí que es la primera vez que los medios de comunicación españoles anteponen sus intereses (esto es, vender periódicos y ganar audiencias) a salvaguardar la buena imagen del Rey en aras de la estabilidad del estado. Escenificando en cierta medida la consumación de algunas transformaciones en las relaciones de poder del sistema.

Desde la transición los grandes medios de comunicación en España, por diversos motivos, han congeniado en el interés por la figura del Rey como símbolo constitucional. Pero el mundo ha cambiado vertiginosamente en la última década. La globalización de la comunicaciones y la globalización económica dibujan un panorama en el que las relaciones de poder se complejizan. Los grandes medios españoles pertenecen ahora a corporaciones internacionales y a sus accionistas. Al mismo tiempo, la llegada de los social media ha obligado a los mass media a diseñar nuevas estrategias para mediatizar las redes sociales y defender así su coto privado en el gran mercado de la información.

De todos es sabido que para hacer negocios se necesita un entorno estable, las guerras y los conflictos sólo interesan fuera del propio territorio, no dentro. Hasta ahora la figura del Rey se había constituido como un elemento que garantizaba la paz social, pero parece ser que un nuevo orden está ya lo suficientemente asentado como para permitirse prescindir de ella. Las estructuras que sostienen dicha cohesión han mutado definitivamente. Mass Media, Banca y Bipartidismo son ya un poder unificado y suficientemente sólido que maneja sus propios símbolos de control social. Miedo, Mercado, Publicidad

Pero desde luego no hemos de preocuparnos por nuestro audaz protagonista. Consciente de la nueva situación como el que más, sabrá manejarse en ella para conservar la posición. Para muestra un botón.

En realidad no ha dicho nada, son sólo unas palabras vacías que generarán una confusión amable. Tampoco le hace falta más, sabe muy bien que la herramienta mediática hará su trabajo formativo, sabe que el medio es el mensaje. Nuevo escenario, nuevo juego, nueva partida, nuevas cartas. Pero jugada maestra una vez más. El Rey será recordado como todo un animal mediático intergeneracional, estoy seguro de que si el medio fuese agua podríamos ver sus branquias.

De lo que no estoy tan seguro es de que todo esto haya sido realmente según McLuhan.

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