La sucesión está en marcha

Ramiro Gil Morel, coordinador del PRE-IR

La casa real vuelve a estar de moda. Portada en todos los diarios, informativos televisivos, tertulias, conversaciones… De nuevo, la maquinaria propagandística del régimen se ha puesto en marcha con un objetivo claro: manipular a la opinión pública de cara a una más que probable y próxima sucesión de la jefatura del reino en la figura del futuro Felipe VI, al menos a medio plazo. A continuación detallaremos los indicios que apuntan a esta posibilidad y de cómo los republicanos debemos estar atentos y, en la medida de lo posible, contrarrestar el lavado de cerebro que los medios van a lanzar a la sociedad española, y ofrecer tanta resistencia como nos sea posible a la sucesión.

No es desconocido para nadie que los achaques de la vejez están afectando y mucho al heredero de Franco, el viejo Juan Carlos: caídas, golpes que provocan moratones -un golpe con una puerta, se nos dice-, apariciones en público donde el monarca no puede siquiera aguantarse derecho sin sostenerse en una silla, dificultades -añadidas a las ya propias- al hablar o al pronunciar discursos… Y es que el tiempo no perdona, ni siquiera al campechano borbón.

En cuanto al caso Urdangarín, lo que en un principio pudo parecer un escándalo que podía salpicar de lleno el prestigio aparente del que goza la realeza española, está siendo hábilmente transformado por los medios en una oportunidad de humanizar al monarca y hacerle víctima de un yerno corrupto con cuyas actividades ni el rey ni el príncipe no tendrían nada que ver. La realidad es que se ha intentado poner en cuarentena a la manzana podrida ducal y que ni siquiera se va a investigar a su esposa, la infanta e hija del rey, que claramente está implicada en las presuntas actividades delictivas de su marido. Es más, las instituciones y los políticos cierran filas cuando se trata de apoyar a la monarquía, y defienden su -llamémosla también “presunta”- honorabilidad. Lo que se ha hecho siempre en los 30 años de juancarlismo, silenciar todo aquello que pueda manchar la imagen del rey, como si no hubiera pasado, o presentarlo como algo digno de alabanza.

Pero al margen de la propaganda oficial, todos sabemos que los borbones han sido, a lo largo de estos años, especialistas en participar en todo tipo de chanchullos y corruptelas. La íntima relación del rey con personajes de dudosa reputación como Mario Conde o Manuel Prado y Colón de Carvajal, o las acusaciones que contra Juan Carlos se han vertido en varios casos de corrupción, que nada tienen que envidiar a los de Urdangarín, Matas o Camps, y de los que se ha salvado por su inmunidad y por ser la estabilidad de la monarquía cuestión de estado, parecen haber sido olvidados o silenciados por los medios, que se empeñan en tratar de limpiar la imagen del borbón, repitiendo hasta la saciedad su “labor excelente” (sic) como jefe de estado y su papel como “impulsor de la democracia”. Para quien se haya molestado en investigar ni que sea superficialmente sobre los orígenes de la fortuna del rey, su papel en la transición, en el 23-F o sus escándalos personales, estas afirmaciones suponen un insulto a la inteligencia y a la dignidad de la ciudadanía.

Además, en una operación desesperada de maquillaje, la casa real ha “publicado” sus cuentas, el 28 de diciembre de 2011 -no se sabe si se trata de una inocentada-, después de no haberlo hecho durante más de 30 años, y ahora resulta que la casa real es transparentísima y que además, nos sale barata. Claro que en esas cuentas no se nos dice que ni cenas, ni viajes, ni actos oficiales, ni gastos de mantenimiento de los palacios, ni coches oficiales, ni otros gastos van a cargo de partidas de distintos ministerios y que siguen sin ser públicas, no sea que los españoles descubramos que nuestra monarquía no nos sale tan “barata”. Nada garantiza tampoco que las cuentas publicadas sean fiables, ya que como es sabido ese dinero no está sujeto al control del Tribunal de Cuentas y el rey puede ditribuirlo como mejor le plazca.

Pero por lo visto todas estas cuestiones poco le interesan al españolito medio ya que los medios de comunicación no le dedican ni medio segundo, pero sin embargo, se dedican a ensalzar a la dinastía reinante y a reforzar su imagen. Curiosamente, ya nadie se acuerda de la censura sufrida por la revista “El Jueves” en 2007, o de la puesta en evidencia de la reina criticando a los homosexuales al publicarse su libro, entre otros deslices reales. Y es que efectivamente, la monarquía dispone de todo el aparato del estado y de los medios de comunicación a su servicio, igual que estarán al servicio de su sucesor a partir de ahora. Es cuestión de estado, la monarquía no puede desestabilizarse porque la monarquía es el paraguas de muchos poderosos que medran en el sistema.

El clima actual, en plena crisis económica, quizá no sea el más propicio para el relevo monárquico, pero se nos hace evidente que el aparato del estado ha puesto en marcha ya (a partir de las elecciones del 20-N) lo que algunos han denominado “operación corona”, destinada a preparar una cómoda acogida al nuevo rey, en la que se pretende evitar a toda costa cualquier debate sobre el cambio de la forma del estado y de la posibilidad de cuestionar una monarquía que pese a toda su fuerza actual, su apoyo por parte de los españoles es cuestionable.

La policía ya tiene instrucciones claras al respecto: cualquier manifestación social o protesta que toque el tema y que alcance cierta repercusión será reprimida, hay que evitar tensiones y alborotos.

No sabemos si será mediante la abdicación, pero sin duda en los próximos meses se va a escoger el momento propicio para el advenimiento del sucesor. El rey niega pensar en abdicar, pero también se dice desde hace tiempo que el príncipe “está preparado” y que Letizia jugará un papel decisivo para hacer la monarquía más atractiva y hacer que la gente se fije en ella en el más que probable show televisivo que nos espera, parecido al que ya hubo durante su boda. Es más que probable que la noticia, de producirse pronto, se haga por sorpresa y pille a muchos desprevenidos, por lo que debemos estar preparados para cuando llegue el momento.

Desde el punto de vista de los republicanos, el relevo debería ser un momento ideal para reivindicar la República, por eso para nosotros es un momento decisivo. Ya no se tratará del sucesor directo de Franco sino que ya será la segunda generación de reyes legitimados en el golpe de estado del 18 de julio contra la República. Al mismo tiempo, de todos es sabido que no se podrá invocar la cantinela del 23-F y de que el rey trajo la democracia para apoyar a Felipe (por mucho que sepamos que eso no es cierto pero son argumentos que funcionan a pie de calle). Eso nos hace temer también cualquier operación parecida organizada para legitimarle a ojos de la ciudadanía.

Sin embargo, en las circunstancias actuales, el movimiento republicano no se encuentra suficientemente organizado como para evitar, por el momento, dicha sucesión. Pese a un extendido sentimiento republicano, seguimos siendo muy pocas las organizaciones que cuestionamos abiertamente el régimen y poco podemos esperar del “republicanismo” de aquellos que se dignan a asistir a la inauguración de las cortes por los reyes, en la que sólo se ausentaron los diputados de la izquierda independentista vasca y catalana. Poco podemos esperar de aquellos falsos republicanos que no son más que lacayos juncarlistas como los que en el pasado renunciaron a la tricolor y mercadearon con sus
ideales más fundamentales.

Sin embargo, en la medida de nuestras posibilidades, desde el movimiento republicano que poco a poco está creciendo y calando en la sociedad, sí podemos -y debemos- ofrecer tanta resistencia como nos sea posible a una monarquía que representa sobretodo el sostén político de un sistema que hay que cambiar y que es el culpable de la crisis y la injusticia que impera en nuestras sociedades. Alzando nuestra voz quizá no podamos evitar que Felipe VI reine, pero quizás podamos impulsar una masa social crítica republicana que pueda hacernos soñar en que en un futuro no muy lejano podamos llamar a Felipe “el último”.

Hay que ser conscientes, por tanto, de lo que se avecina. Hacer pedagogía y organizarse, estar preparados para poder alzar nuestra voz, en las calles, en internet, probablemente sin ningún apoyo de los medios de comunicación. Para ello necesitaremos del apoyo de todos aquellos que compartan el ideal republicano, para extender y defender el proyecto de la III República como un modelo alternativo que ha de suponer una auténtica transformación socioeconómica para alcanzar un estado republicano, verdaderamente democrático y dedicado al interés de todos los ciudadanos, basado en los valores de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia Social que desde hace tanto tiempo venimos reclamando.

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Una respuesta

  1. Esperemos que Izquierda Unida, se sume de verdad a defender la III República, tanto en el Parlamento Nacional como en las Comunidades Autónomas allí donde tenga representación.
    También veo al Partido Comunista, poco entusiasmado en la lucha para conseguir erradicar la corona, que él contribuyó desgraciadamente a traer.

    ¡Viva la III República!

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