Todas las dinastías son iguales ante el dinero

Arturo del Villar / UCR  

Apena ver la persecución mediática que está padeciendo Iñaki Urdangarin, duque de Palma de Mallorca como esposo legítimo de Cristina de Borbón, hija de su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde. Apena porque no ha hecho nada que no sea habitual en las dinastías europeas: aprovechar su posición privilegiada para obtener sustanciosos beneficios económicos.

Sin ir más lejos, parece ser una costumbre de su suegro su majestad el rey católico nuestro señor, si hemos de creer lo que cuentan los libros, como por ejemplo el de Ernesto Ekaizer Banqueros de rapiña. Crónica secreta de Mario Conde, editado en 1994 por Plaza-Janés, contra el que se querelló Javier de la Rosa, lo que obligó a acudir al Juzgado a Sabino Fernández Campos, jefe de la Casa de su majestad el rey, por alusiones. O el muy documentado e informado de Jesús Cacho El negocio de la libertad, publicado por Foca en 1999. O el de quien se oculta tras el seudónimo de Patricia Sverlo Un rey golpe a golpe, editado valientemente por Miatzen en 2001, entre otros varios. Puesto que en ellos se relatan los negocios reales detalladamente, no vamos ahora a copiarlos, sino que nos limitamos a recomendar su lectura.

Otro rey negociante, al que puede apodarse también de rapiña, fue el de Bélgica Leopoldo II, capaz de crear en 1885 el Estado independiente del Congo para proclamarse su rey, con lo cual no se sabe en dónde estaba su independencia. Por eso recomendó a sus socios la comisión de toda clase de abusos sobre los indígenas, considerados herramientas de trabajo y no seres humanos, lo que le permitió amasar una colosal fortuna. En 1907, dos años antes de su muerte, declaró al Congo colonia belga. Los historiadores han censurado sus métodos para enriquecerse, porque además de ser ilícitos fueron inhumanos, pero lo que cuenta es la cuenta; corriente, por supuesto.

Un personaje que escandalizó a la corte belga, muy pudorosa cuando le conviene aparentarlo, es el hermano de la reina Fabiola, esposa del rey Balduino. A Jaime de Mora no se le recibía en la corte, debido a estar condenado en Italia por estafa en 1965, y a sus relaciones económicas con el traficante de armas Adnan Kashogi. El Fabiolo, como era apodado, hizo de todo y por ello se convirtió en un personaje  célebre en las reuniones de la alta sociedad. Es la ventaja de ser cuñado de un rey.

 Príncipes sin principios

No era rey, aunque lo aparentaba, su alteza serenísima Rainiero III, porque los soberanos de ese extraño Estado dedicado al juego y conocido por Mónaco solamente tienen el título de príncipes. Muy preocupado por la salud financiera de sus riquezas, fundó la Sociedad Monegasca de Banca y de Metales Preciosos, a la que llevó a la quiebra en 1955, pero él no perdió ni un céntimo, porque los mil millones de francos que se volatilizaron los perdió el Principado. Así que sus hijas pueden casarse y divorciarse cuantas veces quieren, y su hijo ha heredado además del trono una suculenta fortuna, que gasta tan alegremente como sus hermanas, pero sabe cómo incrementarla. Y de esa manera la familia Grimaldi no pega golpe, como no sea en el casino. Ventajas de nacer príncipes.

Otro príncipe de cuidado es Bernardo de Lippe-Biesterfeld, esposo de la reina Juliana de los Países Bajos. Antes de celebrar tan pingüe boda en 1937, perteneció al partido nazi en su patria alemana y sirvió en las criminales SS. Por ser príncipe el Estado holandés le asignó una renta anual de trescientos mil dólares, con los que no tenía ni para tulipanes. Así que aceptó un soborno de setecientos cuarenta mil dólares de la empresa gringa Lockheed, a cambio de recomendar a las Fuerzas Armadas de los Países Bajos la adquisición del caza Starfighter, que ella fabricaba. Estos aviones eran apodados los ataúdes volantes, debido a su elevadísima sucesión de accidentes. Al jefe del Gobierno holandés, Joop den Uyl, le indignó tanto el hecho de enviar a sus jóvenes compatriotas aviadores al estrellado seguro, que denunció públicamente la operación el 8 de febrero de 1976. No pasó nada en el reino.

Su nieto Guillermo Alejandro, que como presunto sucesor al trono recibe el título de príncipe de Orange, era presidente del Comité Olímpico del reino, cargo del que dimitió como consecuencia del escándalo internacional conocido en enero de 1999: algunos miembros del Comité Olímpico Internacional, presidido por el fascista catalán Samaranch, habían aceptado sobornos para que los juegos de invierno de 2002 se celebrasen en Salt Lake City. Total, en algún lugar tenían que celebrarse. Qué más dará un sitio que otro. Y un regalito nunca viene mal.

 El Reino Unido  es un escándalo

Pero donde puede suceder cualquier cosa, con tal que sea increíble, es en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Su titular posee la mayor fortuna del mundo, y la administra con una proverbial tacañería. Quizá por eso sus nueras se comportan de formas llamativas a la hora de hacer negocios. No fue el caso de Diana Spencer, esposa del príncipe de Gales, conocido como El Príncipe Compresa desde que el 12 de enero de 1993 se dio a conocer una conversación telefónica muy guarra con su barragana entonces y esposa ahora. Diana fue la única persona normal en la familia conocida como Windsor, apellido adoptado para disfrazar sus orígenes germanos. Por eso se divorció, harta de marido, suegra y cuñados impresentables.

Su alteza real Sofía Rhys-Jones, casada con el príncipe Eduardo, es por ello condesa de Wessex, y tan ingenua que parece tonta. Como propietaria de una empresa de relaciones públicas, para la que acapara actividades con absoluta desvergüenza, intentó hacer negocios con un presunto jeque árabe, que era en realidad un redactor del famoso periódico sensacionalista News of the World. Cayó en la trampa, y además criticó a la familia real y al jefe del Gobierno de su graciosa majestad. El 1 de abril de 2001 apareció la información en el periódico, y la condesa quedó corrida.

A pesar de esos antecedentes, Sarah Ferguson, duquesa de York desde su boda con el príncipe Andrés, fue tan estúpida que repitió la hazaña de su cuñada. El 23 de mayo de 2010 publicó News of the World un reportaje ilustrado con fotografías, en el que se veía a la duquesa recibiendo veintisiete mil libras de un presunto empresario, primer pago del medio millón que debía ingresarse en su cuenta. A cambio se comprometía a que el pagador llegara hasta el príncipe y negociasen lo que fuera.

Con estos precedentes, ¿cómo vamos a criticar a Iñaki Urdangarin por imitarlos? Todas las dinastías hacen lo mismo. Es que los pueblos aguantan todo a sus reyes y sus príncipes y sus duques.  Bien claro está: la historia lo demuestra.

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