El honor del general Rojo

Félix Población

En el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca se guarda la maleta del general Vicente Rojo.

Con esa maleta se fue de España camino del exilio y regresó después desde Bolivia, en 1957, quien fuera máxima autoridad militar de la República durante la Guerra Civil. Puede que en ese trayecto de retorno, cuando ya estaba enfermo y probablemente había esbozado las primeras páginas, viajara con el equipaje del general el proyecto de 600 folios que muchos años después descubriría el ayudante del escritor Jorge Martínez Reverte, Mario Martínez Zauner, en el Archivo Histórico Militar de Madrid. Hace unas fechas, ese manuscrito se ha hecho libro bajo el título Historia de la Guerra de España, y nos ofrece dos constataciones que son muy significativas por su relevancia acerca de la actitud y personalidad de Vicente Rojo ante el golpe de Estado de Franco y el entendimiento que tuvo el general republicano de su lucha.

Con relación a su fidelidad a la República, la réplica de Rojo ante la felonía de otros de sus colegas es rotunda: “No era momento de dejarse llevar por corazonadas; no había tiempo para discutir ni motivos para ampararse en el ejemplo de ajenas conductas o a la sombra de un presunto vencedor. Importaba solamente la verdad de España, sin zarandajas ni convencionalismos. La duda, terrible duda, estaba planteada en toda su crudeza, como jamás se nos había planteado; y yo la resolví bien o mal, pero radicalmente, categóricamente y hasta con cierta repugnancia, porque no me agradaban muchas cosas que veía en torno mío (y lo grave aún no había comenzado); y la resolví manteniéndome fiel a lo único que en aquellos aciagos momentos me dictaba mi estrecho concepto del honor: el cumplimiento del juramento que había prestado de defender la patria, defendiendo la Ley y las autoridades legítimamente constituidas, con estricta obediencia a mis jefes naturales. Nada podía torcer esa resolución”.

En cuanto a la tan manida y falaz argumentación de los seudo-historiadores revisionistas o similares, para quienes la República llevaba camino de convertirse en un régimen bolchevique, queda una vez más rebatida, en este caso por quien representaba al Jefe del Estado Mayor central del ejército que defendió aquel régimen. Nunca pensó Rojo, de confesión católica, que la República acabaría siendo fagocitada por el comunismo. La ayuda militar soviética se debió, según el general, a la falta de apoyo por parte de los países democráticos europeos, sin que esa colaboración de la Unión Soviética significase una entrega ideológica y política a Moscú. Son palabras de un hombre de honor al que solamente importaba la verdad de España.

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3 comentarios

  1. Supongo que este artículo tan interesante, habrá sido publicado en diferentes periódicos del país, claro que, si sus directores lo permiten, no vaya a ser que se enfade poderoso “don dinero” y los jerifaltes de la secta-católica-apostólica-romana. De todas maneras, yo sí colaboraré en la difusión de este artículo por clarificante, por interesante, porque es importantísimo que los ciudadanos, nuestros amigos, nuestros familiares, sepan cada día más sobre la verdad de nuestra pasada historia y sobre todo rescatar de la historia a las personas que sufrieron y murieron defendiendo la legalidad de la República Española.

  2. Ya es hora de que se reivindique a quienes, realmente, mantuvieron el honor del Ejercito y que no son otros que los que defendieron el orden constitucional ante el golpe del 18 de julio del 36

  3. ¡Qué va! Vicente Rojo hizo su opción, es cierto; pero eso ni la convierte en una decisión acertada ni en inmaculada su causa. Que el hombre se arrepintió, consta en su expediente militar al solicitar su alta como oficial del Ejército a su regreso a España en plena época “dictatorial”, poco ante de su muerte. Que España había sido convertida en una sucursal soviética por el Frente Popular, lo sabían hasta los perros; que la revolución bolchevique se preparaba para pocos días después del previsto para el Alzamiento Nacional, sólo la mala fe puede negarlo; que las elecciones de febrero del ’36 fueron tramposas, no hay quien pueda ocultarlo. ¿Por qué, sino, José Antonio estaba preso desde febrero; porqué matar a Calvo Sotelo, porqué descargar todo ese odio antiespañol y anticatólico, nunca antes visto en Europa…? El “orden constitucional” fue un mero pretexto -llegado con más de 60 años de atraso- para justificar lo que fue nada más que un planificado, cuidadoso y criminal atentado contra la Patria, que incluyó decenas de miles de vidas inocentes asesinadas por los rojos. La gente de aquel tiempo, al menos, era frontal y verídica: si eran comunistas soviéticos, lo decían y lo probaban con sus crímenes. Nada de escurrirse tras las polleras de mamá “orden constitucional”. En cambio los de ahora, hijo, repugnan. No dudo que Rojo, que después de todo era un caballero, si hoy tuviera que elegir de nuevo, se cambiaba de bando.

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